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La gran trilogía de Jan de Vos, nuestro indígena-europeo

Enviado el Thursday, 28 July a las 22:54:01
Tópico: Colaboraciones

* Vida y obra de un gran escritor, humanista y amigo.
* “La Paz de Dios y del Rey” y “Oro Verde” son historias esenciales.
* “Una tierra para sembrar sueños”, extraordinario libro testimonial.
* Su vasto trabajo rescata y preserva la identidad de las etnias nacionales.



Luis Alberto García / IK BALAM
San Cristóbal de las Casas, Chiapas


Marcados por la influencia de Fernando Benítez, de quienes fuimos alumnos al inicio de la década de 1970 en la carrera de Periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas (FCPS) y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el interés por conocer la historia de nuestros pueblos originarios no dejó de crecer al paso de los años.
 
 
Durante la niñez y adolescencia conocimos las tierras indias michoacanas -Cherán, Nahuatzen y Sevina- en el corazón de la meseta tarasca, de donde procede nuestra raíz ancestral, en las personas de doña Reducinda Romero, indígena de Comachuén, y don Luis Gonzaga García, criollo nacido en 1847 en Erongarícuaro, a orillas del lago de Pátzcuaro.
 
 
Con conocimientos apenas suficientes sobre la etnia purépecha, fue que entramos a explorar la grandeza geográfica e histórica de nuestro pasado, a grado tal que, hasta la fecha, conservamos como un tesoro la obra completa de Benítez -a quien entrevistamos para el periódico estudiantil de la Asociación Periodística Universitaria (APU), para ganar el Premio Nacional de Periodismo de 1971-, el profesor, escritor, etnólogo, antropólogo, novelista y amigo fallecido en febrero de 2001, en especial Los indios de México, cinco tomos que constituyen una obra monumental que detalla la odisea heroica de esos protagonistas de una las grandes tragedias nacionales.

 
Gracias al profesor Benítez tuvimos noticia de alguien que se llamaba Jan de Vos -nacido en Bélgica en 1936, fallecido en la ciudad de México el 24 de julio de 2011-, historiador, ex jesuita, científico social de luces extraordinarias, quien en 1994 acababa de publicar Vivir en frontera (CIESAS-INI), libro que nuestro maestro generosamente nos obsequió el 8 de julio de ese año, y que profundizaba con enorme conocimiento en el largo proceso de destrucción de las civilizaciones mesoamericanas.
 
 
Seguidores y lectores devotos de Fernando Benítez, Rosario Castellanos, Antonio García de León, Jan de Vos y de muchos autores más, todos aquellos que nos hemos interesado en la historia nacional coincidimos en que ese exterminio se inició con la llegada a América de los primeros europeos, y no ha llegado aún a su término.
 
 
Y la principal víctima de ese proceso –tal como lo descubre y nos lo escribe Jan de Vos- lo fue el pueblo originario y verdadero poblador ancestral de la Selva: los lacantunes, ancestros de los actuales ch´oles, quienes resistieron dos siglos a la conquista española, hasta que fueron totalmente exterminados a inicios del siglo XVIII -los dos últimos de ellos murieron en una prisión en Retalhuleu, en el actual territorio de Guatemala, en 1712-, casi al mismo tiempo en que ocurre la llegada a la Lacandona de indígenas migrantes de origen maya-caribe provenientes de la península de Yucatán.
 
Un siglo y medio después éstos fueron bautizados erróneamente por el antropólogo francés Jacques Soustelle y por la suiza Gertrude Duby como “Lacandones”, y ensalzados equivocadamente como los “descendientes de los príncipes de Palenque y Bonampak”, mito equivocado que Jan puso en clara evidencia en sus descubrimientos históricos.
 
Fue durante la Semana Santa de 2011, en San Cristóbal de las Casas –en la vasta biblioteca que con los años se ha acumulado en las oficinas de Maderas del Pueblo del Sureste A.C. en la antigua Jovel-, donde iniciamos la lectura de La Paz de Dios y del Rey (FCE,1980), que justamente se refiere etnocidio de los caribes de la selva Lacandona.


Este libro, resultado de años de investigación por parte de Jan de Vos, constituye un documento de incalculable valor para la historia de Chiapas, de México y de la América nuestra. 
 
 
Al no aceptar la fundamentación jurídico-ideológica de la colonización, y al atacar sus métodos, prácticas y formas de organización, Jan de Vos se une a la tradición del estudio profundo de las civilizaciones mesoamericanas.
 
 
“Las páginas de este libro –nos dice- no son más que un pequeño párrafo en la larga y triste historia de la destrucción de las Indias que fray Bartolomé de las Casas inició en 1542, destrucción que, para vergüenza de todos nosotros, sigue siendo actual”.
 
 
Miguel Ángel García, el coordinador general de MPS, comprometido resueltamente en la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas del país desde que nos acordamos, nos enteró que Jan de Vos vivía en San Cristóbal desde 1973, y que le gustaba visitarlo para comer jubiloso el pozole que le preparaban Silvia Vázquez y doña Carmen Díaz cada que él visitaba su casa y oficina.
 
 
También nos dijo que, entre sus obras más relevantes, se encontraban Fray Pedro Lorenzo de La Nada; La batalla del Sumidero; Viajes al Desierto de la Soledad (CIESAS-SEP, 1988); Vienen de lejos los torrentes (Editorial Umbrales, 2010); y Oro Verde (FCE, 1988), sobre la conquista de la selva lacandona por los madereros tabasqueños; y Una tierra para sembrar sueños (FCE, 2002), referida a la historia de la selva Lacandona entre 1950 y 2000.


Jan de Vos inicia  narrando en Oro Verde que, en 1822, año en que la provincia colonial de “Las Chiapas” se independiza definitivamente de España, la selva Lacandona es descubierta por primera vez como reserva forestal.
 
 
Quienes hemos conocido la historia y desarrollo de los pobladores de esos parajes naturales magníficos, sabemos que, a partir de ese súbito ingreso en la historia moderna, éstos han sido escenarios de enfrentamientos entre los saqueadores y las comunidades autóctonas.


Sin embargo, a diferencia de la época colonial, los agredidos de ahora no pertenecen a las comunidades indígenas, sino que son los árboles de caoba, las ceibas y otras especies poseedoras de la madera más fina del mundo, mientras que los atacantes intrépidos y voraces son los empleados y los representantes de las compañías madereras nacionales y extranjeras.
 
 
En su sabiduría y sensibilidad infinitas, Jan de Vos hizo una reconstrucción minuciosa y fiel de la historia de la explotación maderera en la selva Lacandona -continuación de La paz de Dios y del Rey-, después de una investigación de tres años en la que hizo uso de diversos archivos públicos y privados de México y Guatemala.
 
 
También recurrió a material bibliográfico y entrevistas personales, presentando un trabajo extraordinario sobre una etapa de la economía y la historia del sureste mexicano, en la que la explotación irracional de las riquezas naturales y humanas, los conflictos fronterizos, la rapacidad y la negligencia de las autoridades jugaron un papel importante.
 
 
Ante la imposibilidad de incurrir en un saqueo bibliográfico en MPS, adquirimos en la librería El mono de papel de la calle Real de Guadalupe de San Cristóbal de las Casas la trilogía completa del maestro Jan, que concluye con Una tierra para sembrar sueños, donde analiza ocho procesos que, a partir de 1950, configuraron el rostro que posee actualmente la selva Lacandona.


Su texto de medio millar de páginas abarca la explotación maderera, la colonización campesina, la iniciativa finquera, la intervención gubernamental, la unión ejidal, la evangelización autóctona, el refugio guatemalteco y el alzamiento zapatista.
 
 
El autor advierte en la introducción que, el análisis ahí presentado, posee elementos que no responden a la llamada objetividad científica; pero el comentario de Jan de Vos –quien pasó casi la mitad de su vida estudiando a las comunidades de la selva Lacandona- no demerita su análisis, sino al contrario, permite saber cuál es su enfoque.
 
 
Con ello, nos lleva precisamente a confiar en la objetividad de su mirada y,  a través de esos sueños sembrados en tierras lacandonas, nos introduce en una compleja y dramática realidad regional donde los campesinos mayas, con la ayuda de varios agentes externos, trazaron caminos de sobrevivencia adaptación, reflexión, organización y rebelión comunitarias.
 
 
De esa manera, a través de las letras, de una prosa envidiable, de conocimientos descomunales, rigor y disciplina sin igual, Jan de Vos nos hizo sus compañeros de viaje en esos torrentes de Chiapas, ayudándonos en la ardua tarea de interpretación de los hechos pasados para explicar un presente que no deja de dolernos, que nos hiere, colaborando así en un ejercicio de reflexión sobre periodos históricos que, sin duda, nos han dado origen, forma y destino.


 


Gracias, maestro indígena-europeo que llegó más allá del mar océano.

 
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